Ya apostaste por tu libro: de no ser así, no existiría. Recuérdalo SIEMPRE. Porque estamos llegando a un punto, con tanta saturación de escritores y tan poco respeto a las novelas, que parece que surgen de la nada, sin mayor esfuerzo ni inversión.

La primera vez que vi el argumento «si tú no apuestas por tu libro, ¿quién lo va a hacer?» fue cuando un supuesto agente literario que se las daba de listo se coló en un grupo de Facebook que yo administraba por la época. Estaba dirigido a escritores noveles, para ayudarnos a unos a otros a salir adelante (uno como tantos, y muy útiles al principio de cualquier carrera literaria) y, por supuesto, entraba mucha gente buscando hacer negocio a nuestra costa. Como siempre.

A ver, yo entiendo que los escritores nos hemos convertido en el núcleo de un mercado sobre el que giran muchos tipos de negocio: editoriales, agentes, portadistas, correctores, maquetadores y gente que se especializa en promoción. Entre ellos hay profesiones en las que, evidentemente, no cabe fraude alguno. La portada, te gusta o no, sin más.

Pero en otros hay que tener mucho cuidado, porque te puedes encontrar con auténticos cantamañanas que, ven un escritor con su novelita y su cara de ilusión en lontananza, y allá que se van, a hacer su agosto.

Ten siempre mucho cuidado y recuerda que el autor solo debe pagar lo justo en el caso de que se autopublique. En otros, nunca. Portada, corrección, maquetación e imprenta pueden ser gastos necesarios y muy deseables si vende por libre, pero nunca se debe dar ni un duro por adelantado a una editorial ni a un agente o, te digo más, a un experto en promoción. Estos tres últimos, que busquen el modo de vender tu novela, o se busquen otra profesión. No puede haber más opciones.

Pero, en lo que me quiero centrar hoy es que, de vez en cuando, leo por las redes cómo algún aspirante a escritor profesional, de esos que llegan llenos de sueños, como hemos llegado todos (los sueños se rompen la mayoría de las veces, te hago spoiler desde ya) dice algo como «yo publicaría con un portadista que se arriesgue conmigo, y cobremos sobre beneficios». O corrección, maquetador o no sé, algo al respecto, da igual.

Generalmente, le cae una buena tormenta encima. Me temo, compañero o compañera, que publicar un libro es una apuesta muy arriesgada y, si decides la aventura de la autopublicación, toda la pérdida (casi segura) o el beneficio (casi imposible) se supone que están vinculados únicamente al autor, y ya está.

Eso sí, de todos los argumentos que se dan en réplica (que algunos me parecen muy correctos, otros no) el que no soporto, nunca, jamás, es el de «si tú no apuestas por tu libro, ¿por qué lo van a hacer otros?«.

Pues mira, porque YO YA APOSTÉ POR MI LIBRO.

Sí, lo hice. Un día, en vez de irme a una terracita a tomarme unas gambas y una cerveza, me senté en casa frente a un pc que me compré para ello. Lo encendí con la electricidad que pagué para ello. Metí horas de mi vida, que valen oro puro, son irreemplazables, en construir una historia y teclearla, de la primera letra a la última.

Mientras tú, y tú, y tú, y tú, estabais viendo una peli o dando un paseo, ligando con alguien guapo o guapa, saltando a la comba o ganando dinero para vosotros mismos, yo estaba trabajando, dejándome la piel en cada línea. Pegándome con el teclado, con la trama, con los personajes y con todo lo que conlleva escribir una novela.

Que, tal como se habla, parece que surge sola de una higuera, se cae madurita en la mano del listo que pretende que todos trabajen menos él, y ya está. Pues no.

Si ese libro sobre el que otros quieren hacer negocio existe, si está en este mundo, si puede publicarse, es porque su autor YA APOSTÓ POR ÉL. Otros pueden unirse o no a la apuesta, cada cual tendrá mil argumentos para hacerlo o para considerarlo una aberración y que le den la pasta en mano por adelantado, o nada. El mercado sustentado en el escritor está abierto a cualquier postura.

Pero la apuesta ya estaba iniciada, ojo. Y el que más pone siempre, siempre, es el escritor.

¿Te han soltado eso alguna vez? ¡Cuéntame! ;D