Hoy os voy a hablar de La marca de autor: Bethany Bells. Bueno, en realidad, de todas las marcas de autor, aunque yo me centre en la mía.

Esta foto que veis a la izquierda, en la que aparezco con jersey amarillo y vaqueros, me la sacó mi marido no sé, allá por el 2019, meses antes de ponerse malo. Era para la promoción de la serie Minstrel Valley, cuando la editorial prefería que no se supiera la auténtica identidad de Bethany Bells.

A mí no me hacía mucha gracia eso, porque sacar adelante un nombre desde el pozo del olvido, no puede resultar más difícil, y si algo me disgusta, es tener que hacer promo.

Pero, en definitiva, fue un curioso experimento sociológico. Porque, mientras nadie sabía quién era, hubo especulaciones, y mucha gente afirmaba que, como escribía tan bien (¡gracias mil!), debía tratarse de un seudónimo de Nieves Hidalgo (gran escritora y mejor amiga, una persona excelente, por lo que la comparación me llenaba de orgullo), alguien con una fama ya muy afirmada en la época, y antes.

Eso le dio mucho impulso a la novela (vamos, lo supongo, porque yo no era muy conocida por entonces), junto con el esfuerzo que hizo la propia editorial, que tengo que decirlo, se esmeró al máximo. Todo el equipo, con las escritoras, las Juglaresas, realizó un gran trabajo. Fue una época maravillosa, la de Minstrel Valley, aunque para mí terminó de forma triste, por mi situación personal.

Pero, a lo que iba, más tarde, cuando ya se supo que Bethany Bells era la entonces todavía más desconocida Yolanda Díaz de Tuesta, dejó de ser interesante para una gran mayoría de lectoras y reseñadoras. No lo digo con reproche, para nada, solo aporto un hecho. De sobra sé que hay tantas y tantas autoras, que cada cual debe buscar el modo de atraer su público y crear su comunidad.

Que, lo que cuenta hoy en día, no es la novela, lo repito siempre, es LA MARCA DE AUTOR.

¿Y qué es la marca de autor?

Tu nombre. Stephen King es una marca de autor, lo ves por ahí, sabes quién es y deseas leer sus libros (si te va el género). JRR Tolkien. Pérez Reverte. Todos, lo mismo. El nombre del autor es ese con el que firma, es su MARCA DE AUTOR. Procura cuidarla y potenciarla.

Yo lo hice muy mal al principio. Tengo novelas publicadas como Díaz de Tuesta, como Yolanda Díaz de Tuesta y como Bethany Bells. ¡Y porque me corregí a tiempo, pero ya tenía también otro seudónimo anglófilo para temas de fantasía!

Claro, sacar adelante tantos nombres, resulta costoso en tiempo y esfuerzo. Además, siempre era como volver a empezar de la nada.

Por ejemplo, publiqué Lady Jolie y su arrogante vizconde con Vergara, bajo el nombre de Bethany Bells, que seguía siendo muy desconocido. Y, en vez de aprovechar lo logrado con ello, lo siguiente fue Grados de pasión, con Ediciones B, bajo el de Yolanda Díaz de Tuesta, porque así me lo aconsejaron en la editorial.

¿Cómo sacas eso adelante? Pues mal. Sobre todo cuando, siendo prácticamente una desconocida, te ponen los ebooks a precios de escándalo. Total, luego, la culpa es tuya por no vender y, con olvidarte, está todo solucionado.

Ahora sí, ahora llevo un tiempo trabajando la marca BETHANY BELLS para las novelas de romance y cozy mistery que publico de forma habitual. Y he dejado el de Yolanda Díaz de Tuesta para fantasía, cifi y otros géneros, textos que iré añadiendo por mi cuenta, autopublicados.

Y, no sé, igual son ilusiones mías, pero veo que la cosa va mejor. Eso sí, publico mucho y tan a menudo como me es posible. Creo que, este año, solo hubo un mes en que no se publicó novela de Bethany Bells, y fue cuando murió mi marido. Seguro que todo el mundo entiende que no estaba yo como para hacer nada al teclado.

Pero, por eso, por mi experiencia profesional, cuando veo por las redes a gente desconocida terminando o intentando publicar su primera novela, con toda la ilusión del mundo, me digo «Buf».

«BUF»

De verdad, qué triste, y qué mal, si no lo entienden y si no lo asumen desde el principio. No van a llegar a ningún lado. Todos vibran con la ilusión de que «este o aquel triunfó en Amazon y-por-lo-tanto-yo-también-puedo-hacerlo», y no se dan cuenta de que hay millones de autores en Amazon y triunfan muy pocos. Y solo si publican y publican y perseveran, una y otra vez. O eso, o te toca una lotería más difícil que la del euromillón, que también puede ser.

Pero los afortunados son anecdóticos frente al número de autores que lo intentan.

Porque, hay que asumirlo, la gente ya no llega y triunfa en Amazon con la misma facilidad que antes (como ya no triunfa escribiendo blogs). En eso, como en todo, el primero que entra en el corral tiene una ventaja enorme para llevarse la gallina al cazo, y luego solo queda paja sucia en la que buscar para ver si encontramos algún huevo que nos dé esperanza.

¿Y tú? ¿Tienes ya tu marca de autor? ¡Cuéntame! ;D