EL ESCRITOR AUTOEDITOR FORZOSO

A ver si soy capaz de explicarme, que el tema de la autoedición, los servicios editoriales, las primeras novelas, y el horror general del mundillo editorial actual, siempre hiere muchas susceptibilidades. Solo ruego que este artículo se lea hasta el final antes de empezar a sacar conclusiones.

La cuestión es que, el otro día, me topé en Threads con uno de esos hilos que te tientan a contestar de inmediato y con enfado, pero para qué. Es mejor respirar hondo un par de veces y meditarlo bien.

En este caso, la chica que hablaba (lo siento, no lo pondría en ningún caso, por puro respeto, pero juro que no recuerdo el nick) se quejaba de que la había contactado un escritor para que corrigiese su novela y que le había propuesto ir a medias sobre las ventas.

O sea, en vez de pagarle una cantidad previa, repartir lo que se ganara.

Por supuesto, la correctora estaba enfadada (aunque, viendo su perfil, en todos los hilos se mostraba como de mal humor, la verdad, hay gente así por el mundo, siempre hostil) y hasta puedo entenderlo. Todos sabemos que, de no darse un milagro muy rarito, ni autor ni correctora cobrarían ni para un aperitivo. Y eso, el primer mes.

El problema estriba en que su razonamiento era del tipo: «Este listo quiere que trabaje gratis. ¿Qué pasa con mi tiempo, mi esfuerzo?».

Y eso es precisamente lo que siempre me enerva de esa clase de planteamientos. Porque, a ver, si la cosa va de defender un esfuerzo hecho, lo lógico sí que sería ir a medias, como proponía él. Que, tal como lo plantean algunos y algunas, es como si el escritor hubiera llegado a la charla con las manos en los bolsillos, descansado y sin despeinarse, y con toda la intención de intentar robar el trabajo ajeno por la cara.
Vamos, que seguro que no caminaba por un sendero silbando feliz y se encontró de pronto una novela bajo una higuera. Para que ese libro existiese, para que tú, correctora, tuvieras un atisbo de negocio, hubo que meter mucho trabajo y mucho esfuerzo.

Incluso aunque el libro sea una basurilla, ya que no estamos hablando de calidades (ni literarias ni de la corrección). Hablamos de simples horas de curro.

Teclear doscientos malos folios también lleva su trabajo. Lo sabe todo aquel que realmente se ha propuesto aprender a escribir. Por ejemplo, yo misma, je.

También pienso que, si Pérez Reverte llega a proponerle algo así, esa chica hubiera llorado de pura felicidad y se hubiera lanzado a aceptar dando palmas, las cosas como son. Pero claro, no lo era. Seguramente ese escritor que se le acercó no venderá ni para pipas. Y eso lo sabía ella, y le daba igual.

No sé, llamadme loca, pero yo lo que veo en situaciones así, es gente dispuesta a sacarle dinero a otros aprovechándose de sus ilusiones, sin más.

Me molestó el tono, las formas y la falta de sentido común en el razonamiento de su respuesta. Y no es la primera vez que lo veo, ya digo. Por eso ya voy poco por Threads, X, etc.

Llegados a ese punto, claro, esto no va de coleguis que se arriesgan juntos, no. Correctores, portadistas, maquetadores y demás te dirán: Yo trabajaré para ti si me pagas a tiro fijo, y ya está. Porque, tal y como se ha formado este mercado que gira alrededor de los autores y sus ilusiones… y su falta de paciencia (que, quién sabe, todo puede cambiar en un futuro, sería muy deseable), eres tú quien estás organizando el negocio de publicar tu libro.

Como vas como una moto, impulsado por tus ilusiones y tus ansias, se espera que caigas y zas, corras con todos los gastos y todos los riesgos.
Y, si no, busca una editorial. Allí irás a %… si te aceptan el texto, claro.

Que es verdad, cuesta muchísimo abrirse camino, pero es que, el problema básico no es que las editoriales no hagan caso (que es difícil que lo hagan, cierto, pero para eso hay que trabajar para llegar), sino es el montón de gente que sin oficio alguno, pretende publicar de salida lo primero que escribe.

Así, sin más, sin filtro de calidad y sin mayor trámite porque, total, todo Dios nace con un escritor en su interior, solo necesita un teclado para conseguirlo.

Y como tampoco es que triunfe lo más literario en estos tiempos de guasap y tiktok, pues normal que muchos piensen que con haber tecleado doscientos folios escasos, ya hizo el curro para el éxito. O con dictarlos, claro.

Yo no sé quién era el escritor al que se refería el hilo que ha dado pie a este comentario, pero apostaría el brazo manco de Cervantes a que se trataba de alguien muy nuevo en el mundillo, posiblemente con una única novela… La primera, la que, por lo general (siempre hay grandes excepciones, por supuesto), solo sirve para pillar un poco de oficio antes de ponerte a escribir la segunda. O para equilibrar la famosa pata coja de la mesa sobre la que seguir escribiendo.

A ver, que también entiendo que es muy humano creer que tu novela es lo más bonito que se ha escrito jamás, y lanzarse a intentar publicarla porque vas a ser el nuevo Stephen King y todos te están esperando justo a ti, así que, cuanto antes, mejor. Yo misma reconozco que hubiera hecho eso mismo, de haber existido internet cuando era jovencita, no lo niego.

Buah, así, sin más, rememorando por encima, me viene a la cabeza que tengo por ahí, en el fondo de un cajón, un «Shîre-Malí o El Retorno de un Pasado Maldito» que no ha visto más mundo porque el destino os ha protegido a todos, lectores y no lectores, ¡consideraos afortunados!

Mi consejo: NO PUBLIQUES A LO LOCO LO PRIMERO QUE HAS ESCRITO. Hay grandes posibilidades de que sea malo de solemnidad. Pero, si quieres hacerlo (que igual es bueno y todo) es mejor que NO GASTES NI UN EURO EN NADA HASTA QUE TENGAS UNA OPINIÓN VÁLIDA PREVIA.

Lo que nos lleva a otro tema importante, que será tratado en otro artículo:

¡IR AL ARTÍCULO, QUE TIENE BUENA PINTA!

Y ya, cuando tengas algo que sepas de verdad apropiado, decide si tienes que contratar servicios editoriales. O quizá seas alguien con la habilidad de trabajar tus textos o hacer tus propias portadas. Pues, mira, eso que te ahorras.

Pero, de ser el caso, ya sabes, ponte en modo jefe. Porque lo serás, ahí no hay sitio para componendas. Tú buscas profesionales para que hagan un trabajo puntual: el de terminar de pulir tu obra.

Asegúrate bien de las referencias de quienes vayan a trabajar para ti, exige lo que tengas que exigir, (con respeto, por supuesto, pero dejando claro que si tú tienes que pagar, el otro tiene que hacer un buen trabajo). Recuerda en todo momento que eres tú quien está apostando ahí, porque eres mucho más que un escritor.

Eres un ESCRITOR AUTOEDITOR, un navegante que busca su propio rumbo por los mares literarios. Mal que te pese.

Espero que haya quedado claro que, en todo caso he hablado de ESCRITORES que no quieren en realidad ser editores, pero que optan por la autopublicación porque no les queda más remedio.
Hay otros, me consta, que sí que tienen auténtica vocación de ESCRITORES AUTOEDITORES. Gentes que han elegido libremente esa opción desde el principio o tras conocer el percal del mundillo, que pisan fuerte por los caminos de la dura realidad literaria y se autopublican de forma envidiable con la ayuda de profesionales.

¿Y tú? ¿Qué piensas? ¿Estás de acuerdo conmigo o tienes otra opinión? ¡Que estoy más que dispuesta a cambiar de idea, faltaría más! ;DDD

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