Hace poco me pusieron en Instagram una reseña muy bonita, de esas que te animan a seguir. Era por la novela MADEMOISELLE DUPONT CIERRA SIEMPRE SU TIENDA A LAS SEIS.

Es una novela que está gustando mucho, no me puedo quejar. Poco número de reseñas (qué se le va a hacer, empiezo a aceptar que nunca seré una superventas), pero altas valoraciones, cosa que agradezco mucho.

La cuestión es que, entre las respuestas que daban, del tipo «Qué buena reseña, voy a echarle un vistazo», etc —lo normal en estos casos, vaya—, he visto una que me ha llamado la atención.

Decía algo así como que «La portada me gusta mucho. Lo de tanto feminismo como aparece en las novelas me cansa».

Vaya por delante que me parece perfecto, cada cual tiene sus gustos, sobre todo a la hora de entretenerse —dentro de lo legal, por supuesto—, y no tiene por qué pedir disculpas por ello. Pero, la verdad, a mí, semejante respuesta me parece algo realmente triste.

En ningún caso es aceptable, pero, que lo diga una mujer, indica A) que no ve el problema —algo que solo habrá sido posible porque otras mujeres lo han peleado antes y ella puede vivir en un entorno igualitario, en esos pocos rincones del mundo donde más se ha avanzado—, y, desde luego, B) que no ve necesidad de pelear por otras. ¿Para qué?

El feminismo (Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre, según la RAE) es un movimiento que busca la igualdad en el mundo desigual que hemos heredado —algo que, todavía hoy, muchas mujeres ignoran, y hablan del feminismo como si fuera el caso contrario al machismo, o sea, un movimiento negativo que busca imponerse al otro género—, y la novela romántica es un lugar ideal para que, entre todas, recordemos que no debemos no olvidar.

Porque, no olvidar, es el único modo de estar alertas y no permitir que vuelvan a repetirse los mismos errores.

Tú puedes saber cuál es tu lugar en el mundo, lo que ha pasado; puedes saber lo que quieres, lo que debes exigir para sentirte respetada; puedes vivir en un entorno genial en el que todo el mundo te valora igual que a los demás, y no diferente solo por una cuestión física; o puedes tener muy claro cómo han sido las cosas antes y cómo deben ser después.

Pero, hermana, no todas han tenido o tienen tus mismas oportunidades.

Por eso, por pura sororidad —esa palabra maravillosa que ha tardado milenios en extenderse y entenderse de verdad— es importante que el feminismo impregne los textos que leemos. Que nos contemos cómo eran las cosas en otras épocas a través de mujeres empoderadas en ese tiempo —que las había, valientes y luchadoras, de otro modo no habríamos avanzado hacia la situación en la que vivimos ahora, sino que seguiríamos en aquella horrenda posición de inferioridad, eternamente sometidas en un mundo ajeno— y, mucho más importante, cómo deberían ya ser siempre, en el futuro.

Qué clase de relaciones debes consentir y cuáles no debes aceptar por nada del mundo.

FEMINISMO Y ROMANCE

Debemos tener muy claro que la novela de romance llega a mujeres de edades muy diversas, y a mujeres que, a veces, no leen otra cosa. Y por eso, yo creo que hay que utilizar ese vehículo para llegar a ellas y hablarles de estos temas. Porque han sido muchos milenios de patriarcado diciéndonos qué papel debemos interpretar, en todos los aspectos. Y se nota.

Se nota incluso entre las que vivimos en una posición privilegiada, donde el machismo —con sus eternos machinazis— apenas nos roza. O eso creemos.

La lucha contra el machismo es social, pero también interna, y ahí es donde estriba la importancia de su enfoque en la literatura. ¿O es que la fantasía de ser violada, por ejemplo, es algo normal, algo que surge de la propia naturaleza femenina? La verdad, no soy psicóloga, ni psiquiatra, pero no lo creo. De hecho, prefiero no creerlo. Si me vas a decir que sí, por favor, dame datos concretos.

Yo prefiero pensar que esas fantasías son efecto de una impronta social a lo largo de los milenios de patriarcado que hemos sufrido. Y creo sinceramente que hay que luchar contra ellas.

¿De verdad alguien puede considerarlas inocuas? A ver, que entiendo que gusten. Yo también las he compartido, cómo no, de jovencita disfruté como nadie de los inicios del mundo de Gor (La Contratierra) hasta que su autor —por cierto, pensaba que John Norman habría muerto, que nació en 1931, pero no, y he visto que ha seguido publicando hasta hace poco— convirtió al protagonista en un perfecto tarado. Los últimos libros me los evité a mí misma. Agradecida que estoy.

Porque, en fin, es que, incluso aunque las fantasías de violaciones y sometimientos varios fueran consustanciales al género femenino, seguiría pensando que son algo a erradicar a través de la educación, igual que lo serían en el género masculino, imagino que a la inversa. ¿Qué opinaríamos de un hombre que disfruta con fantasías de violaciones? Pues no sé, pero seguro que no mola nada. Recuerdo haber leído hace tiempo de una encuesta en la que preguntaron si violarían a alguien, de no tener consecuencias legales, y la respuesta positiva fue alta. Como no recuerdo más datos y no encuentro nada útil por internet, lo dejo ahí.

Pero, la conclusión es que, como especie avanzada que ya conoce muchos mecanismos de nuestra mente —como la influencia del lenguaje en la sociedad, por ejemplo—, deberíamos buscar cómo erradicarlo, en vez de hacer caja con esas cosas, o normalizarlas.

Vamos, que esté como esté el individuo de turno, por muy guaperas que lo retratemos, nunca debería romantizarse una violación.

DARK ROMANCE

Y, sin embargo, ya se ve cómo está prosperando el género Dark Romance, que atónita me tiene. Yo no pude terminar uno —aunque quizá lo reseñe de todos modos—, absolutamente delirante, en el que el protagonista acosador y asesino se dedicaba, así, de trabajo profesional —por el que, supongo, pagaría autónomos—, a salvar a chicas esclavizadas por las mafias.

¡Pero qué bueno era el hombre, mira cómo salvaba a esas pobres víctimas, qué más daba que tuviera aterrada a la prota! Nooo, ella no es una víctima más de un tarado más, qué va. Ya está ahí la autora para escribir líneas y líneas absurdas en las que cuenta —por si no lo pillas así, al natural— cómo le va molando el tema a la chica, lo mucho que disfruta con el miedo que le da, porque le coge el gustillo y todo.

Ah, y lo malos que son todos los de las mafias —que lo son—, o el tío con el que casi se enrolla la prota, y él lo mata y le envía las manos, pero, ¡eh! ¡Que era un maltratador y no recuerdo si también un asesino! ¡Se lo merecía!

Pues, oye, no te voy a decir que no, ya que así me lo pintas. Pero, tu prota, también.

Sí, también, por muy bueno que esté el enfermo obsesionado. Porque, en definitiva es lo único que parece que importa: ponme un tío macizo en un entorno protegido —un libro, mi casa— y deja que sueñe con ser sometida y violada. Que es chachi piruli. Todo muy normal, sí. ¡Eh! ¡Que solo son fantasías!

No sé, yo, tras una violación con pistola —y no la usaba solo para apuntarla, por cierto. O sí, pero no—, lo mandé al infierno; y eso que reconozco que escribí en cierta ocasión una escena de sexo con pistola. Pero, os lo aseguro, no tenía nada de romántica. Jamás algo así podría ser romántico, por más que se alegue que son fantasías o que se inventen un género con tintes románticos para ello, ni por mucha verborrea que se suelte para intentar que no pienses más que en el polvo que van a echar, que en definitiva es lo que único que importa.

En serio creo que, normalizar esas cosas, darle espacio en nuestras vidas, nos hace retroceder mucho en el camino por el que tanto nos está costando avanzar. Y por el que podemos retroceder en cualquier momento, ojo, que ya nos lo cuenta también la Historia, de pronto hay una alteración social y se vuelve al viejo régimen. Y, hala, otros dos mil años mínimo de dominación, vía un estado machista, con el apoyo religioso, que ya hablaré de eso otro día.

En fin, por todo esto, lo siento, pero creo que poco se ha hablado del feminismo a estas alturas de la vida, en cualquier género, y más en este. Que se debería hablar más, mucho más, del tema, espantando fantasías sexuales enfermizas y despertando conciencias. Entre nosotras, hermanas, nos tenemos que recordar más a menudo que el miedo y la sumisión no pueden formar parte de un romance. Y, visto lo visto, asumir que nos queda mucho camino por recorrer.

Por eso, cuando una hermana hable del tema, agradéceselo. Porque, lo poco de lo que disfrutamos (en unos países más que en otros, en algunos NADA), lo hemos conseguido, entre otras cosas, gracias a leerlo en las historias que nos han ido educando.

¿Y tú? ¿Qué piensas? ¿Estás de acuerdo conmigo o tienes otra opinión? ¡Que estoy más que dispuesta a cambiar de idea, faltaría más! ;DDD

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Feminismo, romance y dark romance
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